Razones de la salida del Diario de Yucatán
Iglesia y sociedad 2 de junio de 2008
Raúl H. Lugo Rodríguez
Durante cerca de quince años he escrito semanalmente la columna “Iglesia y sociedad” en el Diario de Yucatán. Ha sido un espacio que, lunes a lunes, me ha servido de plataforma para posicionar temas de derechos humanos, para comentar asuntos eclesiales, para compartir inquietudes literarias… en fin, que durante quince años me ha servido como bitácora de largo viaje.
No obstante lo entrañable de esta prolongada experiencia, he tomado la decisión de dejar de escribir mi columna en el Diario de Yucatán. Debo reconocer que el equipo editorial del Diario ha sido, la mayor parte de las veces, respetuoso de los contenidos de lo que publico. Aun cuando mis opiniones coinciden muy poco con las posiciones que en cuestión de política, economía y moral sexual sostiene el Diario, siempre han respetado mi espacio y, salvo algunos cambios en la redacción de los títulos de los artículos (que casi siempre, desde mi óptica, les quedan peores a ellos que a mí), nunca han intervenido en los contenidos. Me honro, pues, de haber sido durante todo este tiempo una voz ‘fuera de coro’ en la página editorial de la sección local. Y creo que es un acierto del Diario, que abonó a favor de su apertura y credibilidad, el haberme sostenido el espacio durante tantos años.
En el pasado reciente, sin embargo, han dejado de publicarse dos artículos míos. Uno de ellos, el que debió ocupar las páginas de la edición del 14 de enero, y otro que debió haber sido publicado el pasado 12 de mayo. La temática de ambos artículos estaba relacionada con la cuestión de la homosexualidad. Como el artículo del 14 de enero era un cuento navideño de ribetes bíblicos, comprendí que no hubiera sido publicado: no solamente estaba un tanto fuera de tiempo, sino que era verdaderamente provocativo. Durante estos quince años he tratado en mi columna el tema de la homosexualidad en numerosas ocasiones, sin que ello hubiera recibido del Diario algún apercibimiento o reprensión. Es por eso que, aunque me hubiera gustado recibir alguna explicación del hecho, olvidé el incidente y envié otro artículo la semana siguiente sin más preocupación. El siguiente artículo fue puntualmente publicado el 21 de enero.
El artículo del 14 de mayo abordaba una efeméride establecida por la ONU y aprobada por el Congreso de la Unión: el día internacional de lucha contra la homofobia. Crítico, fundamentado, el artículo abordaba la necesidad de luchar contra los prejuicios que están a la raíz de las prácticas discriminatorias. No fue publicado sin que se me haya ofrecido explicación alguna. El martes 13 escribí solicitando una explicación. En la parte medular de mi mensaje al Diario señalaba yo: “Con sorpresa he visto que el artículo no ha sido publicado ni el lunes ni hoy, lo cual me extraña sobremanera. Ya en otra ocasión, en enero de este mismo año, había sucedió lo mismo y no recibí explicación ninguna de parte de los encargados editoriales, como lo requeriría la cortesía hacia un colaborador de tantos años. Pensando que tal artículo (que por otra parte era una pieza de ficción) era más provocativo de lo que la mesa editorial del Diario podía tolerar, comprendí y no solicité ninguna explicación sobre el hecho… Curiosamente, en ambas ocasiones se aborda desde ángulos distintos el tema de la homosexualidad… Espero que no sea esa la causa de estas omisiones que hasta ahora no me han sido explicadas. De ser así, me interesaría saberlo para decidir las providencias que tomaré… La única respuesta, después de más de tres semanas, ha sido el silencio.
Es posible que haya influido en la censura el hecho de que el artículo mencionara, calificándolas de patrañas, las terapias “reparadoras” que aseguran convertir a las personas homosexuales en heterosexuales. Sé que hay en Yucatán una congregación religiosa que defiende y promueve ese tipo de terapias. ¡Y no tengo ningún problema con que la posición del Diario se identifique más con la de dicha congregación que con la mía, faltaba más! Lo que me parece lamentable es que el Diario omita voluntariamente presentar las otras voces que, dentro de la misma iglesia católica, opinan diferente.
La censura y la descortesía a las que he hecho referencia me han llevado a tomar la decisión de publicar mi columna semanal en un portal abierto del espacio electrónico. De esta manera no tendrán mis opiniones que pasar por ningún tipo de aprobación más que la del lector/a directo, y no estaré sujeto a la buena voluntad de quien quiera publicarme. ¿Implica pérdidas la renuncia al espacio escrito en el Diario? Sin duda alguna. Ya se sabe que un buen porcentaje de la población no tiene acceso a la comunicación electrónica. Perderé, de manera irremediable, algunos lectores que me habían seguido a lo largo de estos años. Pero creo que finalmente las cuentas serán positivas, cuando menos en lo que toca a la libertad de expresión de quien esto escribe.
Así que aquí me encontrarán semana a semana. Para una mayor comprensión de lo que arriba afirmo, les comparto los dos artículos que el Diario tuvo a bien no publicar.







NAdie tiene el derecho de despreciar a alguien por sus preferencias sexuales y ay que ser respetuosos del camino que se quiera recorrer yo he tenido amigos homosexuales que como amigos magnificos que lastima que en estos tiempos hayan estos tapujos en un comentario que es parte de la vida actual y que los mas mojigatos sean los mas pecadores y son los que ocultan algo. padre raul le queremos mucho.ADELANTE