Monseñor Leonidas Proaño, obispo de los indios
Estamos en un año de múltiples aniversarios. Uno de ellos, bastante poco conocido, pero muy cercano a mi corazón, es el vigésimo aniversario de la pascua de Monseñor Leonidas Eduardo Proaño Villalba, mejor conocido como el obispo de los indios. Cristiano a carta cabal, Monseñor Proaño nunca olvidó sus orígenes y ejercitó su ministerio adelantándose a muchas de las grandes intuiciones que después cristalizarían, tanto en el Vaticano II, como en las asambleas episcopales latinoamericanas de Medellín y Puebla.
Hijo de campesinos pobres, Agustín Proaño Recalde y Zoila Villalba Ponce, Leonidas conoció desde su infancia la realidad de la pobreza. Sobreviviente único de cuatro hermanos, colaboró desde los 10 años con sus padres en la dura tarea de macetear sombreros de paja que sus padres tejían para mantener a la familia y proveer de educación al único hijo que les quedó. Era un trabajo duro, “porque se rompían las manos mientras no se formaran callos”, según señala el obispo de los indios en su autobiografía.
Ordenado presbítero en 1930 y obispo de la provincia del Chimborazo y Bolívar en 1954, Monseñor Proaño tuvo gestos audaces durante su ministerio episcopal. Llegado a Riobamba se dio a la tarea de conocer y estudiar los problemas de los campesinos chimborasenses y su sufrimiento por el despojo de tierras. Enterado de que la diócesis que él dirigía poseía extensas propiedades de tierra, decretó la entrega de las haciendas de la iglesia a cooperativas conformadas por indígenas. Hizo esto en 1956… ¡siete años antes de que tuviera lugar la primera reforma agraria en Ecuador!
Durante 31 años Monseñor Proaño trabajó de manera ininterrumpida al lado de los indios de su diócesis. A diferencia de quienes conciben el trabajo episcopal como una suerte de escalafón hacia diócesis económica o políticamente más poderosas, Monseñor Proaño se casó con su pueblo, de manera que ejercitó su completo ministerio episcopal en esa única diócesis, a la que sólo dejó de servir al cumplir los 75 años de edad, por límite de edad, según lo establecen las leyes de la iglesia.
Asumió como prenda de orgullo y honor, el título de “obispo de los indios”, que antes le fuera proferido a manera de insulto por sus enemigos. Hacia el final de su vida pudo exclamar: “…cuanto he vivido y he aprendido no ha sido extraído de las aulas universitarias de mi país o de algún otro país del mundo, sino de la cantera del pueblo, porque mi Universidad ha sido el pueblo y mis mejores maestros han sido los pobres en general y particularmente los indígenas del Ecuador y de América Latina, considerados en Puebla como ‘los más pobres entre los pobres’…”
Discípulo, pues, del pueblo indígena, Monseñor Proaño ha ejercido una gran influencia en los procesos de inculturación del evangelio en la realidad de los pueblos originarios de nuestro continente. Fue él uno de los primeros en observar con devoción, y sin condenarlos, los ritos y costumbres de los pueblos indios; pacientemente descubrió la Semilla del Verbo en su forma de vida y la propuso como alternativa a la sociedad capitalista e individualista.
Leonidas Proaño recibió en vida muchos reconocimientos a su labor: en 1986 el premio Rothko por la Paz (Houston-EEUU) y en 1988, poco antes de ser llamado a la Casa del Padre, el premio Bruno Kreiski (Austria) por la defensa de los Derechos Humanos. Fue también postulado en 1985 como candidato al Premio Nóbel de la Paz.
Como pastor auténtico, probó la incomprensión y la traición. Nada, sin embargo, pudo afectar su íntima decisión de seguir a Jesucristo muerto y resucitado. Lo confiesa en su autobiografía cuando escribe: “Jesucristo fue entrando en mi corazón y en mi vida desde que fui niño. Él ha sido para mí la manifestación contundente del amor del Padre. Sé por experiencia que me ama. También yo siento por Él un amor apasionado”. Con cierta gracia enfrentó las afrentas, venidas muchas veces de sus mismos compañeros de mitra y báculo. Así, en el homenaje que le ofreciera la diócesis de Ibarra, comentó: “Me han dicho que soy un Obispo ‘Rojo’, comunista. Yo me confieso cristiano. Un sacerdote, un obispo que se ha esforzado por ser cristiano. Y por lo tanto, no debo tener miedo a las calumnias, las amenazas, ni la muerte. Si trabajar cristianamente por la paz, la justicia y los derechos humanos de los más pobres es ser ‘rojo’, ojalá que todos nos volviéramos siquiera un poco colorados…”
A través de la Fundación Pueblo Indio del Ecuador, que fundara poco tiempo antes de su muerte, Monseñor Proaño sigue presente. El pasado mes de agosto, para conmemorar los veinte años de su muerte acaecida el 31 de agosto de 1988, la Fundación Pueblo Indio del Ecuador y la Universidad Andina Simón Bolívar de Quito, organizaron un encuentro internacional de reflexión titulado: “Herencia profética de Monseñor Leonidas Proaño para la Patria Grande”, en el que se le rindió homenaje y se profundizó en su pensamiento para aportar desde él nuevos análisis para la construcción de un pensamiento renovado en Ecuador y América Latina.
Monseñor Proaño es uno de esos cristianos que vale la pena recordar. Su testimonio sigue siendo un reproche a nuestras incoherencias. El Obispo de los indios sigue recordándonos la deuda que, como iglesia, tenemos con los pueblos indígenas. Su memoria es hoy más necesaria que nunca.
Colofón: ¡Vaya noticia! Dicen que hay un “nuevo” Partido Verde. No conformes con esconder bajo las siglas de un partido -prestigiado en otras partes del mundo- lo que no es más que un negocio familiar, ahora dicen haberse renovado y lanzan, como signo de su renovación, el apoyo… ¡a la pena de muerte! Vaya contradicción: el mexicano se convierte así en el único partido verde del mundo que apoya la pena de muerte. Pronto, ya ni el PRI va a querer aliarse con ellos…







IMPORTANTE CONMEMORACIÓN DISPUESTA POR LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE
El 24 de Julio del 2008, la Asamblea Constituyente, en pleno, dictó una resolución en la cual declara al Obispo de los Indios y de los Pobres, MONSEÑOR LEONIDAS PROAÑO VILLALBA, como Personaje Símbolo Nacional y ejemplo permanente para todas las generaciones. En esa resolución se estableció el 29 de enero de cada año como fecha Cívica Nacional que se celebrará en el sector público y privado y particularmente en los planteles educativos de todos los niveles. La Asamblea Constituyente en representación del pueblo soberano del Ecuador dispuso que con tales actos se rememore la trayectoria social de Monseñor Leonidas Proaño resaltando los valores humanos que fueron el distintivo de su vida y de su obra.
Sería penoso que el 29 de enero de este año pase desapercibido y no se de cumplimiento a lo resuelto por la Asamblea Constituyente.
Me permito advertir sobre un eventual y desaprensivo olvido de tan importante fecha, sugiero, muy respetuosamente, a quienes tengan la sensibilidad de aceptar este pedido que se realicen los actos conmemorativos que dispuso la Asamblea Constituyente.
Estoy seguro que la Comisión de Legislación y Fiscalización no dejará pasar inadvertida tan significativa conmemoración y dedicará por lo menos unos minutos de su valioso tiempo a conmemorarla.
La resolución de la Asamblea Constituyente está publicada en el Registro Oficial Nro. 403 del Jueves 14 de Agosto del 2008.
Atentamente,
Dr. Caupolicán Ochoa Neira.
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