Eduardo Arens, biblista silenciado
Hay viajes con fortuna. El que acabo de hacer para participar de la asamblea anual de la Asociación de Biblistas de México (ABM) es uno de ellos. En primer lugar porque percibí un auditorio mucho más abierto ante nuevas posibilidades hermenéuticas. Y esto es una buena noticia frente al nuevo embate de fundamentalismo hacia el interior de la iglesia católica. Estudiosos serenos, sensatamente atrevidos, con pasión por la realidad de su tiempo y dispuestos a reconocer la propia tarea de escudriñadores de la Escritura como una tarea de seres pensantes y no de simples repetidores (así se trate de eruditas repeticiones) de las posiciones oficiales, es lo que necesita nuestro tiempo y es el servicio humilde que pueden ofrecer quienes, dentro de la comunidad cristiana, han gozado de la oportunidad de profesionalizarse en el vasto campo de las ciencias bíblicas.
También fue afortunado el reencuentro con amigos y amigas con quienes suelo verme solamente en esta única ocasión del año, algunos de ellos metidos a fondo en la docencia, otros encargados de la pastoral bíblica de sus iglesias particulares, otros más dedicados a la atención pastoral, pero todas y todos conectados por el deseo de comprender mejor las riquezas de la Biblia y convertirla en instrumento que, al alcance de todos los fieles, modele el mundo y la convivencia criatural (no sólo entre la especie humana, sino con toda la naturaleza) según los criterios de Jesús.
Pero lo que, en mi caso, se convirtió en la fortuna mayor de esta asamblea, fue haber conocido y tratado personalmente al que es quizá el mayor biblista de la iglesia peruana, el Padre Eduardo Arens. Maestro de una gran cantidad de generaciones, Arens es un reconocido especialista, cuya fama ha trascendido las fronteras de Perú. Hijo de padre peruano y madre alemana, Eduardo nació en Dresden, Alemania, pero a los dos años de nacido llegó a vivir a Perú, donde creció y se formó. Fue ordenado sacerdote católico en el seno de la Compañía de María, a cuyos miembros suele llamárseles padres “marianistas”. Realizó los estudios de licenciatura en teología bíblica en la Universidad de Friburgo, en Suiza, y los estudios de doctorado en la Escuela Bíblica y Arqueológica Francesa, en la ciudad de Jerusalén. Su tesis doctoral, calificada con los máximos honores, tuvo como título “The Elthon-sayings in the Synoptic Tradition”, en la que estudia todos los pasajes de los tres primeros evangelios que comienzan con la expresión “he venido” que, usada por Jesús, define buena parte de la carga cristológica de dichos pasajes y de la teología de cada evangelista.
El padre Arens fue profesor de la Facultad de Teología de la Universidad de Lima (1976-1980) y durante muchos años (de 1977 a 2009) ha sido el profesor principal de Biblia en el Instituto Superior de Estudios Teológicos “Juan XXIII”. Acompañante de comunidades pobres, los llamados “pueblos jóvenes” que circundan la ciudad de Lima, la producción exegética del Padre Arens no está solamente nutrida de una seriedad intelectual fuera de toda duda, sino de los clamores de las comunidades pobres, con quienes convive y cuya causa lleva en el corazón.
Además del gusto de conocer a un afamado especialista, tengo una razón especial para estar contento de haberle dado un abrazo al Padre Eduardo Arens. Hace algunos meses, en diciembre de 2009 para ser preciso, tuve conocimiento de la culminación de un proceso de persecución en su contra. El Arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, primer miembro del Opus Dei en llegar al cardenalato, después de una campaña lanzada en contra del Padre Arnes, decidió retirarle el permiso de enseñar, sin dar una sola razón de tal decisión fuera de la autoridad que le confiere su cargo.
De muchas partes del mundo le han llegado al Padre Arns mensajes de solidaridad. Resulta incomprensible cómo puede prescindirse de los servicios docentes del más estimado biblista peruano, en la plenitud de su producción teológica. El hermano lasallista Hugo Cáceres Guinet lo describe así en una pública defensa del sacerdote marianista: “…’Destruye lo que no comprendes’, parece ser el lema pastoral del cardenal Juan Luis. Sus berrinches acompañados de improperios, que son bastante conocidos y divulgados sotto voce por los temerosos clérigos que lo rodean, se han dirigido de modo sistemático contra cualquier teología que exija un mínimo de esfuerzo intelectual… no es de extrañar que sus temores y ansiedades se hayan dirigido desde hace más de una década al primer biblista del Perú, el padre Eduardo Arens, sacerdote religioso marianista, doctor en teología bíblica en la Universidad de Friburgo y destacado miembro de diversas asociaciones internacionales de biblistas. El recorrido intelectual y la integridad moral del padre Eduardo son tan reconocidos en el mundo eclesial peruano y, más allá de nuestras fronteras, entre los religiosos y laicos estudiosos de la Biblia tanto como la dureza de mente y corazón del cardenal de Lima… Una comunicación de agosto del presente año al Instituto Teológico Juan XXIII de Lima, donde Eduardo Arens es profesor principal de Biblia, ha sido el manotazo que Cipriani ha lanzado al religioso marianista, afirmando que no le concederá el permiso de enseñar de forma tajante y definitiva”.
Continúa el hermano lasallista señalando que “la campaña de Cipriani contra Eduardo no tiene sólo carácter doctrinal. ¡Qué saludable sería para el mundo teológico limeño el diálogo de un arzobispo preocupado por la ortodoxia y de un biblista que desgrana las riquezas de la Palabra de Dios, esto llenaría los balcones de la Plaza Mayor de Lima! Pero es imposible de esperar esta actitud dialogal en Cipriani cuya única herramienta pastoral es la amenaza y que jamás se atrevería ni siquiera a poner por escrito las razones teológicas por las que se opone con tanta saña a un teólogo… Algunos allegados me han comentado que el retiro de la ‘missio canonica’ a Eduardo Arens fue un viejo anhelo del cardenal quien ha afirmado que no le permitirá enseñar ‘mientras sea arzobispo de Lima’… Eduardo ama la enseñanza pero sobre todo detesta la mediocridad y nunca va a dejar de ser una presencia incómoda para todos los que se contentan con verdades de conveniencia y prefieren no enojar a los jerarcas de turno. Mis amigos y colegas han demostrado simpatía por Eduardo y vergüenza por las herramientas a las que recurre la máxima autoridad de la arquidiócesis de Lima. Pero también ellos me han explicado que si se oponen públicamente a las medidas autoritarias del cardenal, se exponen a sufrir las mismas consecuencias… ¡Qué lástima que el temor sea el único sentimiento que provoca un pastor sobre su grey!… Ya no vivo en Lima, si no pegaría con cinta adhesiva esta carta en la puerta de la catedral. Para mí, como religioso peruano, una prohibición a otro religioso sin mediaciones dialogales no es sólo un insulto a la inteligencia, también es un acto contrario a la dignidad de la vida religiosa”.
En la asamblea de la ABM Eduardo estaba de paso. Nos dictó la conferencia “Job y la dignidad humana” de camino a la sierra tarahumara, donde invitado por un ex alumno suyo, iba a impartir un curso durante cerca de dos semanas. El próximo año regresará a México porque ha sido invitado a ser el conferencista magistral en la asamblea de 2011. Darle un fuerte abrazo solidario y conversar largamente con él ha sido una de las satisfacciones mayores de mi reciente viaje a Veracruz, y quería compartirla con los lectores y lectoras de este espacio.
Colofón: Quienes quieran conocer la denuncia pública completa del lasallista Hugo Cáceres a propósito de la acción del Cardenal Cipriani contra Arens, puede consultarla en http://eclesalia.blogia.com/temas/denuncia.php con fecha del 19.11.2009







Estoy muy agradecida por haber estudiado teología bíblica con el gran biblista Eduardo Arens, su manera de hacernos comprender la biblia, me llevó a una gran liberación interior y a trabajar en medio de lo jóvenes desde una visión liberadora y no entiendo porque el Señor Arzbispo Cipriani no deja le deja trabajar.
todas las personas que te conocemos y te queremos Padre Eduardo Arens te animamos a seguir trabajando para que el ser humano siga creciendo en conciencia crítica y en un mayor compromiso con la iglesia y con la sociedad, porque ese es el aporte que nos das desde tus clases y desde tus escritos y por eso estaremos eternamente agradecios.
Un fuerte abrazo desde este rincón de la tierra.
Ana Yayanuwa
Todas las personas que leemos tus libros nos sentimos