La discusión sobre la familia
Nací en una familia cristiana y doy muchas gracias a Dios por ello. Mi familia, como la de tantos, es una familia común, con muchas virtudes y muchos defectos; humana, pues, como todas las familias que me rodean. Conozco familias de todo tipo: nucleares y extensas; monoparentales, biparentales y otras donde la experiencia de paternidad y maternidad ha sido generada por otros miembros familiares como tíos o abuelos; familias conducidas por mujeres solas; familias con vínculos legales y religiosos y familias que consideran innecesarias las formalidades jurídicas; familias donde la experiencia del divorcio coloca a los hijos frente a una experiencia de relación compleja con la nueva familia del papá y de la mamá… y así podría enumerar muchas más modalidades de familia que conforman el panorama actual, diferente años luz de aquel monolítico modelo familiar de apenas hace un siglo.
Una de las cosas que la vida me ha enseñado es que la clave de la felicidad de una familia (no la felicidad teórica de las pláticas de orientación familiar, sino aquella de carne y hueso, la felicidad posible) no estriba en su conformación, sino en el tipo de relaciones que se establecen entre sus miembros. Y creo que esta conclusión podría ser compartida por cualquier observador desinteresado de los cambios registrados en ésta que es la estructura social mínima, o al menos, la más cercana al proceso educativo de los seres humanos, sobre todo en la etapa de la infancia.
Por eso pienso que pretender que haya un solo modelo válido de familia es un error histórico y sociológico. Y, en el caso de las confesiones cristianas, puede ser hasta un error teológico, si a las fuentes de nuestra fe nos atenemos. Me alegra mucho que el credo, consenso difícilmente logrado, al menos en la historia de la iglesia católica, no incluya “creo en la familia”, y mucho menos en determinado tipo de familia. Quisiera que todas las familias, como quiera que estuvieran conformadas, iluminaran su experiencia relacional con las enseñanzas del evangelio. Pero no creo que eso se logre haciendo de la defensa de un solo tipo de familia una bandera que genera exclusiones y consagra desigualdades.
Para no hablar del Primer o Antiguo Testamento, en donde las familias están muy lejos de corresponder al reciente modelo de familia nuclear (la poligamia, lo sabemos, estuvo permitida en Israel hasta muchos años después de iniciado el cristianismo), la misma tradición cristiana no es unánime en lo que toca a la consideración de la familia. Hay, cuando menos, dos tradiciones que se debaten en los textos bíblicos neotestamentarios. Existe la tradición deuteropaulina en la que el hagiógrafo, deseoso de insertar a las comunidades cristianas en la sociedad grecorromana de finales del siglo I, incorpora a su reflexión las tablas de deberes o códigos domésticos que trataban de modelar las relaciones del hogar de acuerdo con las normas de decencia prevalecientes en dicha sociedad. El molde de la época llamaba a los esclavos, a las mujeres y a los niños, a someterse (‘ypotassein’, ‘someterse’, es el verbo griego clave de estos pasajes) a sus amos, a sus maridos y a sus padres, respectivamente (Efesios 5,21 – 6,9; 1Tim 2,9-15; 6,1-2)
Otra tradición, que se reclama al Jesús histórico según los evangelios, es bastante menos benévola con la tradición patriarcal de las familias. Hay testimonios de cómo el anuncio del evangelio viene a traer división y no unidad en el seno de las familias (Lc 12,51-53), de relativización de la estructura patriarcal (Mt 23,9) e incluso de rechazo a los vínculos familiares (Mt 8,21-22; Lc 9,61-62) y, todavía más desconcertantes, están las palabras de Jesús sobre su propia familia (Mc 3,31-35). Si a esto añadimos la experiencia de las difíciles relaciones de Jesús con su propia familia, tal como nos la narran los evangelios (Mc 6,4; Jn 7,5), se nos ofrece un panorama en el que, si algo queda claro, es que para Jesús, máxima revelación de Dios para los cristianos, ni la familia es intocable, ni lo más importante, ni las relaciones de parentesco son lo fundamental. Los testimonios sobre la experiencia de Jesús con que contamos son abrumadores: dejó la familia en que vivía, no se casó ni formó un hogar, fue crítico con la institución familiar y con los vínculos de parentesco.
Y no es que Jesús estuviera contra la familia. Deducir esto de los textos que comentamos sería de una simpleza rayana con la insensatez. Lo que pasa es que para Jesús lo más importante, lo verdaderamente fundamental, son las relaciones libres y basadas en el amor mutuo, justo el tipo de relaciones que él describe como esenciales para la vida eterna (Lc 10,25-28). Por eso conforma con sus discípulos un nuevo tipo de familia, y les advierte severamente para no repetir en esta nueva experiencia relacional, los criterios de desigualdad que prevalecían en la sociedad patriarcal (Mt 20,20-28; 23,8-12). Todas nuestras familias tendrían que ajustarse a estos criterios. Pero no cabe duda que para lograrlo, tendrían que desmantelarse muchos de los condicionamientos socioculturales con que se han ido conformando a lo largo de los siglos.
Si a esto añadimos datos provenientes de la historia documentada de la iglesia, como el hecho de que hasta el año 845 el matrimonio se justificaba entre los cristianos por razones de derecho civil romano y no por argumentaciones teológicas, o que la primera vez que se atribuye al matrimonio un carácter religioso es hasta el Concilio de Letrán, en el año 1139, o que el Concilio de Verona, en 1184, es el primero que se refiere al matrimonio como sacramento (tal como entendemos ahora esta categoría teológica), entonces ponderaríamos más detenidamente los actuales cambios que se suscitan dentro de las familias y tal vez, sólo tal vez, discerniríamos en ellos la llamada del Espíritu y dejaríamos de atribuirlos a fuerzas malévolas (como la revolución sexual y la ideología de género) cuyo único fin sería destruir la civilización occidental. Me temo que las cosas son mucho más complejas que eso. Bienvenido sea, pues, el debate, pero con la condición de que se reconozca que las cosas no son monocromáticas o, apenas, en blanco y negro.
Colofón: Mención aparte merecerían quienes sostienen que cuando se discute sobre la familia, se discute en realidad sobre un modelo de sociedad y de política, y que una política conservadora necesita de un modelo de familia tradicional… pero ese es campo de reflexión de filósofos y sociólogos al que no me atrevo, por incompetencia profesional, a entrar…







Sr. de Anda
Tiene usted razón el decir que mi explicación se oye como que solo debemos estudiar la biblia y nada mas, eso es algo que no quise transmitir, aunque entiendo que se pudo entender esto, muchos grandes cientificos como Isacc Newton, no solo creian en un Dios creadaor, eran cristianos comprometidos, ellos junto con otros le dieron un gran impulso a la ciencia es su epoca acumulando un capital cientifico que aun no terminamos de explotar, cuando nos cuestionamos algo generalmente tenemos una idea preconcebida de la respuesta y vamos buscando comprobar y buscar hechos que demuestren que es correcto nuestra suposición, bueno si de antemano nuestra suposición es equivocada va ser mucho mas dificl encontrar la verdad, es por eso que el conocimiento cientifico esta estancado y no hemos tenido otro gran cientifico desde Einstein. por que iniciamos mal la busqueda, por ejemplo si partimos del hecho que el matrimonio es de hombre+mujer, podemos hacer una analisis psicologico, social y cultural, que es mas probable nos lleve a conclusiones mas de acuerdo al creador, que si partimos de la idea que un matrimonio puede ser de muchos tipos, eso complica el estudio, y es muy probable que hasta despues de muchos errores nos demos cuentá que equivocamos la suposición inicial.
asi tambien en la ciencia, si uno parte de la premisa de que una especie se transformo en otroa y esa en otra y esa en otra, pues puede que nos pasemos mucho tiempo hasta que nos demos cuenta que es imposible como ya lo demostraron los calculos matematicos en computadora, ahora si partimos del hecho que cada especie fue formada como tal el leon como leon, el tigre como tigre, que ha sufrido cambios para adaptarse al medio, pero no cambiar de especie eso ya podria ayudarnos a entender mejor las cosas.