Cuentos de navidad,Iglesia y Sociedad

Cuento de Navidad 2009

27 Dic , 2009  

Mariela se asomó al espejo. “A quién se le ocurre apellidarse Buenrostro con esta cara…” musitó para sus adentros. Eran ya muchos los días durmiendo a la intemperie y finalmente había accedido a acomodarse en la casa de Josefina, su compañera, para no seguir tendida en el duro suelo del palacio de gobierno a pocos días del alumbramiento.

Mariela se enamoró de la causa de san Antonio Ebulá. Siguió atenta los comunicados, devoró las noticias sobre el desalojo hasta que se fueron haciendo cada vez más raras en los medios de comunicación, visitó a los compañeros y compañeras en el plantón permanente en la acera posterior del palacio de gobierno. Ante la mañosa prolongación del conflicto por parte de las autoridades, Mariela, siempre intempestiva en sus decisiones, optó por ir a pasar unos días al plantón para estar enterada de primera mano del rompimiento de las negociaciones registrado apenas en la esquina inferior derecha de la página 7 del periódico de menos difusión en la ciudad de las murallas.

Josefina se prendó de Mariela desde que la conoció. Valiente, la miró no arredrarse después que sufriera la violación de que fue objeto por parte de paramilitares en Ocosingo, mientras regresaba de una reunión de solidaridad con las bases zapatistas. Respetó y admiró la decisión de Mariela cuando, después de muchos alegatos por parte de otras compañeras de lucha, terminó llevando adelante su embarazo. Josefina recuerda con emoción la expresión del rostro de Mariela cuando, una vez que la doctora le anunció que llevaba en el vientre a dos personitas, un varón y una mujer, clavando los ojos húmedos de emoción en los de Josefina, dijo: “Cuates para la revolución”.

Por eso Josefina no dudó ni un solo instante en usar todos sus ahorros para venirse a Campeche a estar con Mariela junto a ella a los desplazados de Ebulá y obligarla, si era preciso, a tener los cuidados necesarios ahora que el parto estaba tan cerca. Desde que decidieron vivir juntas Josefina había estado siempre ahí, al pie de cuanta lucha arrebatara el corazón de Mariela. Después de la violación en Ocosingo, el dolor compartido las hizo más cercanas, más amigas, más hermanas.

Es ya día 24 de diciembre. Mariela se moría de ganas de que los cuatitos para la revolución nacieran el merito día de la navidad. Acompañada de Josefina ha ido con la ginecóloga. La doctora le ha reclamado a Mariela esas noches pasadas a la intemperie. “Tendrás que pensar mejor esas cosas de ahora en adelante”, le dijo, “los niños necesitarán un ambiente seguro y sano, y andar de plantón en plantón apoyando cuanta causa revolucionaria se aparezca, no parece ser lo más apropiado…”

Mariela escucha a la doctora con mucha atención. Quiere, de veras, cuidar a sus cuates y ofrecerles lo mejor. Y ofrecerles lo mejor es para ella inyectarles su misma pasión por la justicia. Josefina, entre tanto, toma nota de los cuidados que la doctora recomienda. Sabe que tendrá que estar ella al pendiente y que en no pocas ocasiones habrá de suplir a Mariela en los cuidados. “Para eso tienen dos mamás”, pensó para sí Josefina.

La noticia de la fecha de nacimiento pareció desilusionar un poco a Mariela. La doctora les dijo que los cuates nacerían hasta el 31 de diciembre. Josefina calmó a Mariela diciéndole que cualquier fecha es buena para un nacimiento y que lo importante es que el año nuevo comenzará con muy buenas noticias. Una buena, por tantas malas en este año de crisis.

Sentadas frente a la bahía de Campeche, con el palacio de gobierno y el plantón permanente a sus espaldas, Mariela y Josefina tejen y destejen sueños. La niña y el niño se remueven en el vientre de Mariela. Josefina puede sentir el movimiento cuando pone la mano sobre el abdomen abultado. “Grandes noticias nos traerá este 31 de diciembre”, susurra Mariela, “a lo mejor muchas cosas se componen…”

Hoy más que nunca saben que el futuro está abierto a la sorpresa. La tarde cae y ellas sienten sobre sus rostros el paso de la brisa…

Iglesia y Sociedad

Las religiosas norteamericanas y el Vaticano

21 Dic , 2009  

En octubre pasado estuve en los Estados Unidos. En el curso que ofrecí me encontré con Bárbara, una religiosa norteamericana que pasó buena parte de su vida viviendo en Honduras, compartiendo su fe en las tareas de la evangelización y la catequesis entre comunidades marginadas en los cinturones que rodean a San Pedro Sula. Me dio mucho gusto reencontrarla. Después de rememorar juntos algunos de nuestros mejores años, Bárbara me dijo en voz baja: ¿ya supiste lo de la investigación del Vaticano a las religiosas norteamericanas? En pocos minutos me puso al día sobre las visitas que, de parte del Vaticano, están recibiendo las congregaciones religiosas femeninas del vecino país. Había un dejo de tristeza en las palabras de Bárbara…

Hoy quiero ofrecer este espacio a Sandra M. Schneiders I.H.M., afamada teóloga y profesora de Nuevo Testamento y espiritualidad cristiana en la Escuela Jesuítica de Teología en Berkeley, California. Este artículo fue ya publicado en la revista U.S. Catholic correspondiente a enero de 2010, que está ya en manos de los suscriptores. La traducción al castellano es de Fernando Prado, c.m.f. y el envío se lo debo a Miguel Arias, amigo como pocos. Como me parece un buen tema para la reflexión y discusión, he decidido dejar el tradicional cuento de navidad para la semana próxima. Aprovecho enviar a todos los pacientes lectores y lectoras de esta columna un cordial abrazo navideño. Les dejo con el artículo de Sandra Schneiders:

“Cuando se discute sobre la investigación del Vaticano a las religiosas, hay dos cuestiones que aparecen repetidamente: 1) Si las religiosas no tienen nada que esconder… ¿por qué se oponen a ser investigadas por el Vaticano? 2) ¿Por qué iban a ser más inmunes las congregaciones religiosas de ser controladas por sorpresa por el Vaticano sobre su calidad de vida, que las “franquicias” de comida rápida (fast-food) a quienes su oficina central controla todas sus operaciones y productos?

Dado que estas cuestiones suelen ser preguntadas retóricamente, merecen ser contestadas. Primeramente, comparar a las congregaciones religiosas con las “franquicias” de comida rápida es como decir que todas las instituciones académicas de Educación Superior en los Estados Unidos son “franquicias” del Departamento de Educación: el masificado sistema de la universidad de California, una pequeña universidad rural para mujeres, la Academia Militar de West Point… Si la analogía fuera válida, cualquier pequeño Community College sería tan igual el uno al otro como lo es una bolsa de patatas fritas de un Mc Donald´s de Peoria a la de una de un Mc Donald´s de Boston. ¿No deberían estas “franquicias” (escuelas) proveer este producto (un grado de bachiller) siguiendo todas las mismas recetas (cursos requeridos) y utilizando la misma medida (exámenes idénticos)? ¿Acaso no habría de tener derecho la Oficina Central de hacer inspecciones sorpresa para asegurar que esa uniformidad es mantenida? Obviamente, esta forma de pensar es ridícula. Hay múltiples propuestas de una misma educación, con escuelas que ofrecen una variedad infinita de programas, para estudiantes de muchos tipos y con objetivos bien distintos.

Como reconoce el Decreto Conciliar del Vaticano II Perfectae Caritatis sobre la adecuada renovación de la vida religiosa, “de acuerdo con el designio divino… una maravillosa variedad de comunidades religiosas” ha surgido en la Iglesia. Aunque haya profundas similitudes entre ellas y haya, igualmente, ciertos criterios aplicables a todas –la fidelidad a los votos, por ejemplo– medir con un mismo molde –un mismo cuestionario aplicado universalmente a todas las órdenes– no es ni razonable ni deseable. Las órdenes difieren ampliamente en sus carismas, ministerios, vida de oración, vida comunitaria y gobierno. Excepto el celibato –que es idéntico para todos/as– muchos aspectos de la vida religiosa han sido legítimamente interpretados y vividos de forma diferente en las múltiples comunidades. Además, al contrario de lo que muchas personas creen, las congregaciones religiosas –a diferencia del clero diocesano– no reciben ayuda económica alguna de la Iglesia institucional. Yendo todavía más lejos, habría que decir que las personas consagradas no hacen “votos al Papa” o a la jerarquía. Los religiosos hacen sus votos a Dios, de acuerdo a las constituciones aprobadas de sus propias congregaciones. En una palabra, los religiosos no son ni económicamente, ni jurídicamente ni organizativamente oficinas o sucursales, ni mucho menos “franquicias” del Vaticano.

La analogía de la “franquicia” de comida rápida quizá sea absurda… pero ¿puede haber otra mejor? Se me ocurre sugerir el matrimonio. Al casarse, las parejas católicas toman la libre decisión de comenzar una familia y piden a la Iglesia, a través de su ministro, que sea testigo y tome nota del consentimiento mutuo que realiza el sacramento. El ministro de la Iglesia ni selecciona a las parejas, ni decreta el matrimonio ni confiere el sacramento. La Iglesia establece ciertos requisitos para que el matrimonio sea sacramental, como, por ejemplo, que las dos partes lo hagan libremente y que elijan en libertad a su pareja, que tengan cierta formación o catequesis para que comprendan lo que la Iglesia entiende por matrimonio y se comprometan en unión de vida monógama. La Iglesia no les dice a ellos dónde vivir, ni qué vestir, ni cuántos niños tener, o dónde hayan de mandarlos al colegio, o como han de gestionar sus finanzas, o a qué parroquia han de ir. La vida de la pareja no es objeto de regulación minuciosa, ni tampoco es un agente de la Iglesia institucional.

Las congregaciones religiosas no han sido fundadas por la Iglesia institucional. Algunos creyentes, bajo la influencia de uno o más fundadores, toman juntos el compromiso libre de vivir una forma intensa de discipulado cristiano y ministerio. Si la orden toma carácter estable, los miembros escriben una constitución o regla y piden a la Iglesia que la apruebe. Al igual que hace para las parejas casadas, la iglesia establece algunos requisitos para las congregaciones religiosas, como, por ejemplo, que los que entren lo hagan en libertad, que tengan una adecuada formación, unos votos perpetuos, incluyendo, claro está, el celibato consagrado.

Una vez aprobadas, las congregaciones y sus miembros se convierten en la Iglesia en “personas públicas”, pero no -como los ministros ordenados- en agentes de la institución, maestros oficiales o impulsores de la política eclesial. Los religiosos no son parte de la estructura jerárquica de la Iglesia, como tampoco lo son las personas casadas. Una vez formada, una orden religiosa es como una familia. Aunque los miembros no estén unidos por la sangre sino por la fe, es una comunidad multi-generacional cuyos miembros han comprometido su vida unos con otros. La comunidad nace de un carisma particular, desarrolla un espíritu que le distingue y genera una tradición propia. Tiene sus propias prácticas, sus propios símbolos, santos (canonizados o no) y modos de compartir y celebrar. Tal y como sucede en cualquier familia, puede haber errores y se pueden tener problemas, conflictos y cuestiones a superar. Pero también hay caminos para resolverlos. Hay momentos de triunfo y de éxito, lideres que les influyen y una historia de cambio y desarrollo. Pero, sobre todo, cada congregación -como cada familia- es única.

¿Por qué ha de resistirse una congregación a una investigación impuesta sobre su vida? Como cualquier familia sana, las congregaciones comparten con gusto su vida con otros, pero si se les somete de repente y unilateralmente a una investigación detallada sobre todas las cuestiones y detalles de su vida interna, esto causa el mismo tipo de reacción que la que experimenta cualquier familia cuando es asaltada o robada. Mucho más serio que la pérdida de objetos de valor es el hecho de que un extraño esté manipulando las fotos de sus hijos, entrando en la habitación del matrimonio, revolviendo los papeles de la familia o los documentos financieros. Esto es sentido como una violación de la privacidad, como un cruzar los límites que solo pueden ser cruzados por invitación. La resistencia que sienten las víctimas no tiene nada que ver con el secreto, con tener algo que esconder o con el pudor o vergüenza por mostrar la vida familiar. Tiene que ver, más bien, con el respeto a uno mismo; con la necesidad y el derecho a mantener el sentido de integridad y de propia determinación.

Querer violar la privacidad es destruir esta integridad dejando a la víctima sin defensas ante un poder aplastante. Sea una violación física (como en el caso del robo), sea espiritual (como invasión de la conciencia), el objetivo es la dominación por intimidación. Hay veces, por supuesto, en que un grupo pierde el derecho a la privacidad. Entonces rebasar los límites, aunque sea por la fuerza, es legítimo y necesario, como cuando un hogar se convierte en un lugar de tráfico de drogas, o cuando un obispo facilita el abuso sexual de niños por parte de sacerdotes, o cuando una congregación religiosa, como los Legionarios de Cristo, se convierte en un lugar de inmoralidad institucionalizada. Pero, cuando no hay indicios creíbles de serios delitos, tal y como está sucediendo en este caso de la investigación a las religiosas, cruzar los límites por la fuerza es una violación de la intimidad.

Las congregaciones religiosas no son un montón de oficinas o “franquicias” del Vaticano. El derecho a la integridad y a la autonomía de su vida comunitaria, gobierno y privacidad lo tienen garantizado por el Código de Derecho Canónico. Oponerse a esta violación no es un asunto de secretismo, desobediencia u orgullo. Es una expresión del respeto corporativo y personal hacia sí mismas que dimana de su propia humanidad y de su Bautismo”.

Iglesia y Sociedad

Un libro fundamental

14 Dic , 2009  

Los vientos postconciliares hicieron nacer en América Latina, a partir de la década de los sesenta, una tradición espiritual, pastoral y teológica propia que fue conocida como Teología de la Liberación. A pesar de embates venidos de dentro y de fuera, esta tradición teológica ha legado a la iglesia universal algunos de sus temas más entrañables: la opción por los pobres, la lectura popular de la Biblia, el surgimiento de una nueva espiritualidad liberadora, etc.

En la actualidad, la Teología de la Liberación se ha diversificado con la aparición de nuevos sujetos sociales y se manifiesta con nuevo vigor en la teología indígena, la teología feminista, la teología ecológica, etc. Su método teológico y la valentía de afrontar los temas más polémicos desde la perspectiva de las víctimas, ha enriquecido el panorama teológico internacional y ha hecho realidad algunos de los más caros deseos del Vaticano II, como el cuestionamiento del modelo piramidal y jerarquizado de iglesia propio del Concilio de Trento, y la apuesta por un modelo nuevo de iglesia “pueblo de Dios”.

En el marco de la involución de los últimos treinta años, algunos de los más conspicuos representantes de esta corriente teológica y sus derivados han decidido reunirse para producir un texto de excepcional interés. Se trata del libro “Construyendo puentes entre teologías y culturas. Memoria de un itinerario colectivo”, texto en el que se repasan los principales momentos de desarrollo de la teología de la liberación y se apuntan los nuevos desarrollos teológicos aparecidos en diversas partes del mundo que están relacionados con ella. En más de treinta capítulos y poco más de trescientas páginas, se recoge la aportación no solamente la teología liberadora de América Latina, sino su diálogo fecundo con la producción teológica de África, de Asia, de los pueblos originarios continentales y del mestizaje como cruce de culturas.

La motivación para esta publicación ha sido reconocer la aportación que en este largo y fecundo período teológico ha ofrecido el Padre Sergio Torres. En sus ochenta años de vida, Sergio Torres se ha caracterizado por una tenacidad a toda prueba, una singular pasión por el evangelio, una fidelidad crítica a la iglesia y un prodigioso don de organizador. Ha sido, por ello, un generador de espacios de diálogo y a su genio incansable debemos muchos de los múltiples encuentros, publicaciones, conferencias y organismos que fueron el caldo de cultivo de lo mejor de la producción teológica de la liberación.

A su visión debemos también la conformación del organismo conocido como “Amerindia”, un colectivo originado en 1978, durante la preparación de la Conferencia de Puebla, y que se ha convertido en una red amplia de obispos, teólogos/as, comunicadores, científicos sociales, religiosos/as y laicos/as que se han comprometido en la iglesia y en los nuevos movimientos sociales. Amerindia ha estado presente en los grandes acontecimientos de la iglesia latinoamericana (Puebla, Santo Domingo, Sínodo de América, Aparecida) y en otras reuniones eclesiales y sociales (como el Foro Social Mundial o el Sínodo de los Obispos sobre la Biblia).

No extraña, por eso, que esta publicación, preñada de cariño y reconocimiento a la labor de Sergio Torres, reúna tanto a figuras fundantes de la teología de la liberación latinoamericana, como a teólogos y teólogas norteamericanos, asiáticos y africanos que, más allá de las fronteras geográficas, han recorrido este itinerario colectivo de encuentro y diálogo entre teologías y culturas.

Producción colectiva, el libro cuenta con la participación de los representantes mayores de la teología de la liberación latinoamericana: Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, Pablo Richard, Frei Betto, Jon Sobrino, José Comblin. Destacan también algunos nombres de reconocidas teólogas como Ivone Gebara, Elsa Tamez, Silvia Regina de Lima Silva, Ana María Tepedino y Carmen Lora. Participan también teólogos y teólogas de otras latitudes: el belga Francois Houtart, Tissa Balasuriya, de Sri Lanka, Lee Cormie, de Canadá, Virgilio Elizondo, de los Estados Unidos. Aparecen aportaciones desde las nuevas perspectivas teológicas: la teología india, la teología afroamericana y caribeña, la teología feminista…

No pretendo enumerar a los más de treinta autores reunidos en este volumen. Quiero, más bien, subrayar cómo este libro pone en evidencia la enorme vitalidad de una corriente teológica que, a contrapelo de ataques y descalificaciones, ha sabido dialogar con el mundo, dejarse interpelar por los signos de los tiempos y producir, además de la reflexión teórica sólida, una práctica pastoral que ha dado a la iglesia latinoamericana numerosos mártires y confesores.

Colofón: La nota bibliográfica completa, para quienes se interesen en el libro, es HERMANO R. y BONAVIA P. Eds., «Construyendo puentes entre teologías y culturas. Memoria de un itinerario colectivo. Homenaje a Sergio Torres en sus ochenta años de vida». Ed. Amerindia (Montevideo 2009) 341 pags.

Iglesia y Sociedad

Un 12 de diciembre singular

7 Dic , 2009  

Este 12 de diciembre de 2009 no será solamente un aniversario más de las apariciones de la Virgen de Guadalupe. Será, además, el día de una importantísima cita para todas las personas que están preocupadas por el cambio climático y por las medidas que los países, sobre todo los más industrializados, tendrían que tomar para enfrentar una de las crisis más relevantes de todos los tiempos: la crisis del calentamiento global.

Del 7 al 18 de diciembre, en la ciudad de Copenhague, capital de Dinamarca, tendrá lugar la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Clima. Muchos científicos y ambientalistas consideran que ésta es la última oportunidad del planeta para asegurar algunas medidas eficaces que reviertan el desastre climático, sobre todo lograr una regulación que reduzca las emisiones de los gases que provocan el calentamiento global y que sustituya al Protocolo de Kyoto que expira en 2012.

Recuerdo que hace unos años, cuando comenzamos el trabajo ecológico con los campesinos y campesinas mayas en la Escuela de Agricultura Ecológica “U Yits Ka’an”, de Maní, veíamos con frecuencia un documental que advertía, ya desde finales de los años ochentas, que solamente nos quedaban 50 años para revertir las consecuencias del deterioro del medio ambiente. Hoy las cosas son distintas. Cada vez hay un consenso más amplio entre los científicos de que nos quedan solamente diez años para detener y revertir el aumento global de gases de efecto invernadero antes de que el cambio climático se vuelva incontrolable.

Tengo la impresión de que muchas personas aún no toman estos datos lo suficientemente en serio. Vemos cotidianamente las noticias acerca de los desastres naturales: inundaciones, ciclones, tsunamis, sequías, icebergs flotando sobre las aguas… y los tratamos como si fueran fenómenos aislados y no como lo que son: manifestaciones todas de la acción depredadora del ser humano y del tipo de sociedad de consumo que ha creado. Vivimos creyendo que los recursos naturales no se agotarán nunca, mientras conducimos este planeta y a las especies que en él habitan, incluyendo la humana, a lo que puede ser un trágico final. Como decían los abuelos: vemos pasar la procesión y no nos hincamos…

La reunión de Copenhague puede ser la última oportunidad para lograr que los países se comprometan a tomar acciones urgentes y efectivas para resolver la desestabilización del clima global, a través de un acuerdo ambicioso que reduzca las emisiones de los gases de efecto invernadero y nos obligue a todos a cambiar nuestros hábitos de consumo de energía.

Estas conversaciones deberán tomar resoluciones que sean efectivas y equitativas. Los países más industrializados, emisores de la mayor parte de los gases de efecto invernadero, deberán ser muy responsables a la hora de adoptar medidas de adaptación. Deberán tomar en cuenta a los países que emiten menos y que poseen recursos económicos limitados, porque éstos serán los primeros en sentir los efectos del cambio climático y los notarán con más virulencia. En la ronda de conversaciones de Copenhague, aquellos con más posibilidades económicas para actuar, deberán hacerlo de una manera urgente y decisiva. El acuerdo que se logre entrará en vigor el 1 de enero de 2013, apenas el tiempo suficiente para que dichas medidas, que deberán ser radicales y de efectividad garantizada, puedan detener el acelerado deterioro del ecosistema.

Por eso en esas fechas, particularmente el 12 de diciembre, personas y organizaciones preocupadas por el medio ambiente, estarán realizando manifestaciones y actividades en 104 países del mundo. La organización de activismo cibernético Avaaz, una de las más prestigiadas y efectivas organizaciones en este campo, está convocando a todos a realizar una vigilia de reflexión en el marco de las conversaciones de Copenhague. Se trata de que cada quien, desde el lugar en el que vive y con los medios a su alcance, se una a la “Campaña Global por el Clima”, cuyo objetivo es difundir y promover este tipo de manifestaciones.

La propuesta de Avaaz es muy simple: Se trata de promover, en cada rincón del planeta, una vigilia con velas. Ante el gran peligro de que entre la politiquería y la burocracia el mundo se olvide de lo que está en juego, que es la sobrevivencia misma de la raza humana, Avaaz propone que la gente se reúna a reflexionar a la luz de unas velas. Habrá un mensaje que circulará para ser leído y la tarea de Avaaz será registrar cada una de esas acciones y el lugar donde se realicen, para hacer llegar a los representantes de los países que participan en la cumbre la noticia de todos los lugares del mundo donde hay gente preocupada por el medio ambiente y por las decisiones que ellos estarán tomando en la capital danesa. El objetivo es hacer sentir a los líderes de cada país que están siendo seguidos y vigilados por la ciudadanía de sus propios países. Las fotos de cada vigilia en todo el mundo se imprimirán y serán entregadas a los negociadores y los dirigentes mundiales en Copenhague. Son pruebas de que personas de todo el mundo tienen el ambicioso objetivo mismo de nuestro planeta: un acuerdo climático real. Todas las fotos serán también publicadas en internet para millones de miembros de Avaaz y distribuidas a los medios.

Las personas que estén interesadas en realizar una vigilia de velas para unirse a esta que, no es solamente una acción de protesta común, sino que pretende ser una acción mundial coordinada a escala masiva, puede obtener información en el portal electrónico de Avaaz: www.avaaz.org/es/real_deal_hosts y ahí mismo inscribir su acción, con fecha y hora, para que sea registrada.