Iglesia y Sociedad

Mi deuda con Harvey Milk

30 Nov , 2009  

Hay películas que han marcado mi vida. Sería muy difícil ahora hacer una lista que correspondiera adecuadamente a la efervescencia de sentimientos que en mí han despertado tantos filmes a lo largo de medio siglo. Si sólo hiciera referencia a películas biográficas tendría que enlistar necesariamente a “Gandhi”, a “Romero” –con el mejor Raúl Juliá de toda su larga carrera–, “La lista de Schindler”, “La decisión de Sofía” –en la que me enamoré por primera vez de una joven Meryl Streep, ya entonces espléndida–, una película cuyo nombre se me escapa, pero en la que podía verse a un joven Denzel Washington haciendo el papel de Steven Bycko, el activista anti-apartheid precursor de Nelson Mandela… Películas todas ellas de excelente manufactura y, por encima de todo, inspiradoras, cuestionadoras, valientes…

A esa categoría de películas corresponde la más reciente obra de Gus Van Sant en la que Sean Penn realizó el trabajo actoral que le mereció el Óscar el año pasado: “Milk”, la historia del primer funcionario público abiertamente gay electo en la historia de los Estados Unidos. El relato de su afanosa carrera política y su trágico asesinato se convierte en un retrato de los años setentas y la que parecía entonces una imparable lucha por los derechos civiles y la igualdad para todas y todos.

No voy aquí a reseñar la película, no se asusten. Ya desde mis años de estudiante, una mañana, después de narrar la película que había visto la noche anterior, recibí la más acertada crítica de parte de mi ahijado Luis Reyes Ceja: “eres la única persona que, al contar una película, tarda más tiempo que la misma película”. Así que no quiero hacerles víctimas de un artículo inusualmente largo. Pero reconozco públicamente que cuando termino de ver este tipo de películas, me siento en deuda. Así que he decidido saldar la deuda que tengo con “Milk”.

Por eso quiero compartir aquí, después de mucho tiempo de no tocar expresamente el tema, la síntesis medular de la respuesta a las “Observaciones” que la Congregación de la Doctrina de la Fe del Vaticano hiciera a mi libro “Iglesia Católica y Homosexualidad”. La discreción de este tipo de procesos me impide aún hacer público el documento íntegro (a pesar de que las “Observaciones”, documento dirigido solamente a los obispos mexicanos, deberían también haber sido manejadas discretamente y no dadas a conocer a los medios por una desconocida y desleal mano, como finalmente sucedió), pero quiero aquí compartir algunas de las ideas fundamentales que en él manifiesto.

1. Los cristianos y cristianas, obligados como estamos a escrutar los signos de los tiempos, tenemos que confrontarnos con un dato importante de nuestra época. A pesar de que la discriminación a las personas homosexuales sigue estando presente en muchos países, el panorama actual marca una tendencia cada vez mayor a su aceptación y al reconocimiento de la diversidad sexual como un dato de la realidad que no puede soslayarse más.

2. Esto no ocurre solamente en el nivel de las leyes internacionales y las decisiones de los países. Es reflejo de un cambio que se está dando en la conciencia de los individuos y las colectividades. Se va abriendo paso una nueva concepción, que muchos autores llaman “cambio antropológico”, en el que las personas homosexuales comienzan a ser vistas, consideradas y tratadas, como personas diferentes, pero sin que esa diferencia marque una desigualdad en la dignidad y los derechos. Esta toma de conciencia está muy lejos de ser una moda temporal o la señal del deterioro de las condiciones morales del mundo. Se trata de un colectivo “caer en la cuenta” de que estamos frente a una realidad antropológica que sencillamente es así. Se trata de un auténtico descubrimiento humano, aunque pueda parecer banal. Nos estamos dando cuenta sencillamente de que hay gente que es así, lo cual no convierte a estas personas en algo especial ni las hace ni más ni menos capaces para realizar cualquier cosa. Esta nueva comprensión podría compararse con el momento en que los negros comenzaron a ser considerados iguales que los blancos, o las mujeres iguales a los varones.

3. En cada época histórica han ido desapareciendo prejuicios y hoy no suscribiríamos ideas que apenas hace cincuenta años eran consideradas normales, como que el marido se considerara superior a la esposa y pudiera ejercitar la violencia contra ella, o que un negro no pudiera casarse con una blanca. Pero no siempre fue así. Y en las épocas en que esto no fue así, la mentalidad mayoritaria, el prejuicio visto como normalidad, se justificaba diciendo que eran realidades naturales, objetivas, inscritas en la naturaleza humana, aunque hoy nadie se atreva a sostener dicha justificación en voz alta. No existe actualmente casi ningún hombre o mujer de ciencia que sostenga una identificación entre naturaleza y heterosexismo.

4. La doctrina de la Iglesia Católica es coherente. Si sostiene que los actos homosexuales son gravemente pecaminosos, que son intrínsecamente antinaturales, entonces todas sus demás recomendaciones son coherentes con esta idea madre que guía sus acciones. Se parte de la convicción de que las personas homosexuales no existen como tales, sino que sólo existen personas heterosexuales individualmente defectuosas con una tendencia más o menos fuerte hacia ciertos actos considerados gravemente inmorales.

5. El problema es que esta concepción está cada vez más en cuestión. Por eso pienso que el “caer en la cuenta” antropológico de la existencia de personas homosexuales no es un asunto anecdótico. En la iglesia tenemos que confrontarnos con esta mutación de conciencia colectiva que se está desarrollando delante de nuestros ojos y dejar de atribuirla exclusivamente a una presunta degeneración cultural. Si algunas personas son sencillamente homosexuales y este hecho no obedece ni al pecado, ni al desorden, ni al vicio, ni a fracasos de los papás ni a ingerencias de espíritus malignos, entonces tendremos que enfrentar con nuevas respuestas la cuestión de la diversidad sexual y ofrecer una nueva aproximación teológica a esta realidad.

6. La pregunta es, pues, si los contenidos “permanentemente válidos de la antropología cristiana” o la “verdad sobre la naturaleza humana”, de los que habla con frecuencia el Magisterio de la Iglesia, están inevitablemente ligados al reconocimiento de la heterosexualidad como la única y exclusiva manera de vivir la sexualidad según el plan de Dios o si el reconocimiento de la diversidad sexual puede considerarse como un nuevo punto de partida en la reflexión moral de la iglesia.

7. Esta realidad se convierte, en el quehacer teológico, en una hipótesis de trabajo. El tema es de por sí espinoso, es cierto, pero eso no nos exime de enfrentarlo, aun a riesgo de cometer errores. Creer que porque decidimos no ver una determinada realidad ésta dejará de existir, no ayuda mucho a la misión que la iglesia tiene de iluminar el mundo con la Buena Noticia.

Iglesia y Sociedad

Mi último suspiro

23 Nov , 2009  

A veces compro libros que encuentro por casualidad en la librería y que, sin serme absolutamente necesarios o útiles, me interesan. Al llegar a casa los coloco en un librero especial que contiene libros que esperan ser leídos. Algunos de ellos, estoy seguro, dormirán el sueño de los justos por toda la eternidad, sin ser abiertos nunca por mí. Otros, en cambio, se salvan de la ignominia de morir con las páginas vírgenes cuando los tomo ante alguna situación en la que sé que contaré con tiempo suficiente para avanzar en la lectura. Eso ocurre sobre todo cuando salgo de viaje y, entre aviones y/o centrales de autobuses, uno puede matar la espera con un buen libro.

Siempre me han gustado las biografías. Y cada vez descubro que me gustan más. Son aleccionadoras y conceden esa sabiduría que da el conocimiento de la historia. Cada historia personal esconde el registro de su tiempo y su circunstancia. Además, las biografías suelen ser baratas, lo que es una ventaja adicional para quienes somos adictos a la compra de libros y lo somos sin remedio. Claro que hay biografías buenas y malas, pero eso puede decirse de cualquier género literario. Para mi gusto, solamente hay algo mejor que una buena biografía: una buena autobiografía.

Hay autobiografías que son solamente pretexto para la complacencia del autor. Suelen estar cargadas de justificaciones que ningún lector se toma en serio y terminan por ser aburridas. Y como es difícil ser juez de la propia causa, casi todas las autobiografías desbarrancan por este despeñadero. De repente, sin embargo, uno se encuentra con textos límpidos, relatos que, escritos en primera persona, funcionan como verdaderos espejos y desnudan el alma del autor permitiéndonos a los lectores y lectoras otear sus mismas entrañas. Para que una autobiografía tenga este efecto en el lector, es imprescindible que el autor sea absolutamente honesto.

Un garbanzo de este peso me encontré al llevarme, en mis recientes salidas, la autobiografía de Luis Buñuel (BUÑUEL Luis, Mi Último Suspiro, Ed. Plaza y Janés, Barcelona 2001). Agudo, directo, sin concesiones, el cineasta español y universal hilvana recuerdos sueltos, fruto de largas conversaciones con Jean Claude Carriere. Dice Buñuel en su advertencia inicial: ‘Yo no soy hombre de pluma…’, y agradece a Carriere haberle ayudado a escribir el libro. Y uno no sabe si agradecerlo a uno o a otro, pero la prosa que se desgrana desde las primeras páginas es nítida y, cosa que ocurre poco con las biografías, te atrapa desde el inicio para no soltarte más.

Partiendo de su Calanda natal, en el bajo Aragón, Luis Buñuel recorre todas las etapas de su vida fascinante, los trabajos que tuvo que desempeñar para vivir, sus afinidades ideológicas y artísticas. En su relato fulgura una España que se ha ido para no volver. Inaugurador del siglo XX (nació en el 1900), la autobiografía de Buñuel es el retrato de un siglo lleno de contradicciones, feroz y desalmado si lo vemos desde cierto ángulo, subyugante y misterioso desde otros.

No es sólo la biografía de un hombre de su tiempo, es también el recuento vital de un artista de indiscutible calidad, pero sobre todo de alguien que vivió rodeado de algunos de los hombres y mujeres que, como él mismo, marcaron de manera definitiva el siglo en que vivieron. Por las páginas de “Mi último suspiro” se pasean Salvador Dalí, Miguel de Unamuno, José Bergamín, Rafael Alberti y muchos otros artistas españoles fundamentales. Mención especial merece Federico García Lorca, acaso el amigo más nombrado en el conjunto de estas páginas. Ya en su época parisina, Buñuel convoca en su libro a André Breton, Max Ernst, Paul Éluard, Benjamin Péret, amigos suyos que lo iniciaron en el surrealismo, ideología a la que se mantendría fiel por muchos años.

Una a una desfilan también sus películas, su estancia en Hollywood y su arraigo final en México. Con mirada introspectiva, en una especie de íntimo soliloquio al que el lector acude como voyeur silencioso, Buñuel recuerda sus amores y desamores, su papel en la guerra española al servicio de la república, confiesa su pasión por los sueños y sustenta su peculiar ateísmo. Siempre con una honestidad envidiable y con un guiño autocrítico y lleno de humor.

No sé hace cuánto tiempo que la autobiografía de Buñuel me esperaba en el librero. Es una edición de 2001, así que bien puede haber reposado ahí meses o años enteros. Estoy muy contento de que mis recientes periplos me hayan dado oportunidad de leerlo. El último capítulo, en el que Buñuel enfrenta la visión ya cercana de la muerte, es especialmente sobrecogedor. Vaya este párrafo para que prueben un poco a qué me refiero:

“Sin ilusión sobre la muerte, a veces me interrogo, no obstante, por las formas que puede adoptar. Me digo a veces que una muerte repentina es admirable, como la de mi amigo Max Aub, que murió mientras jugaba a cartas. Pero, de ordinario, mis preferencias se dirigen a una muerte más lenta, más esperada, permitiendo saludar por última vez a toda la vida que hemos conocido. Desde hace varios años, cada vez que abandono un lugar que conozco bien, donde he vivido y trabajado, que ha formado parte de mí mismo, como París, Madrid, Toledo, El Paular, San José Purúa, me detengo un instante para decir adiós a ese lugar. Me dirijo a él y digo, por ejemplo: ‘Adiós San José. Aquí conocí momentos felices. Sin ti, mi vida hubiera sido diferente. Ahora me voy, no te volveré a ver, tú continuarás sin mí, te digo adiós’. Digo adiós a todo, a las montañas, a la fuente, a los árboles y a las ranas… Así es como quisiera morir, sabiendo que esta vez no volveré… En realidad, me da igual dónde morir. Pero que no sea en un traslado. Para mí la muerte atroz es la que sobreviene en una habitación de hotel, en medio de maletas abiertas y de papeles desordenados…”

¡Ay! Quisiera recordar y escribir como Buñuel…

Iglesia y Sociedad

Totatzin

16 Nov , 2009  

Totatzin es la palabra náhuatl para decir “Padre Nuestro”. Según alcancé a entender, la raíz Tat está precedida por el prefijo To, que significa nuestro. El sufijo Zin, en cambio, es señal de exclamación de respeto. Por eso algunos traductores comienzan la oración diciendo: “Oh, Padre Nuestro”.

El náhuatl es la lengua originaria con mayor número de hablantes en nuestro país. A diferencia de la lengua maya peninsular, la segunda lengua indígena más hablada y concentrada geográficamente en la península de Yucatán, el náhuatl está disperso en varias regiones del país, considerablemente distantes las unas de las otras.

Cuando recibí la invitación para participar en el primer congreso de teología náhuatl me sentí honrado. Mi amigo, el padre Mario Pérez Pérez, vicario episcopal para la zona indígena de la sierra norte de Puebla y entusiasta promotor de la inculturación del evangelio, me extendió la invitación debido al acompañamiento bíblico que he ofrecido durante algunos años en los encuentros ecuménicos de teología indígena mayense, algunos de los cuales han tenido lugar en Yucatán en años pasados, en Maní, Buctzotz e Izamal.

A diferencia de otras diócesis, donde los esfuerzos por construir un discurso teológico desde las coordenadas de las ricas tradiciones indígenas de nuestro país tienen que hacerse sin aprobación ninguna y de manera casi clandestina, en la arquidiócesis de Puebla no solamente existe un vicario episcopal para la zona indígena, sino que dicho decanato tiene un plan pastoral específico que se lleva adelante con mucho éxito. Fruto de dicho plan es la exitosa experiencia socio-religiosa que ha tenido lugar en el pueblo totonaca de Huehuetla, en el Totonacapan poblano, y ahora este Primer Encuentro de Teología Indígena Náhuatl que ha convocado a presbíteros, religiosas/os y laicas/os de las más significativas regiones donde el náhuatl (antiguamente conocido como “mexicano”) es una lengua viva.

Cuetzalan, un hermoso pueblo serrano, fue la sede de los trabajos. El tema elegido para convocar a este primer encuentro fue la oración del Padre Nuestro. La mecánica de trabajo siguió los pasos del ver, pensar y actuar. En un primer momento se compartieron los usos más comunes, litúrgicos y extra litúrgicos, de la oración de Jesús en las comunidades de lengua náhuatl representadas. Los participantes abundaron durante el primer día y medio en la realidad de sus parroquias y en el papel que la oración del Padre Nuestro ha jugado en la expresión de la relación del pueblo náhuatl con Dios. Cayeron en la cuenta de que las traducciones del Padre Nuestro en uso en las comunidades eran varias y distintas.

Además de mi modesta participación en la que compartí los elementos evangélicos de la oración dominical (comparación de las dos versiones textuales, acentos teológicos de cada una de ellas…), el momento de la iluminación o “pensar” estuvo auxiliado por el Dr. Justino Cortés, un sacerdote dedicado en cuerpo y alma, desde hace muchos años, al estudio de la lengua náhuatl. Explicó, con una paciencia de santo, la primera traducción de la oración dominical por parte de Fray Pedro de Gante y enseñó a descifrar el lenguaje de signos jeroglíficos (pictogramas, los llama él) en los que el Padre Nuestro se vertió en antiguos códices. Un paseo apasionante por el pasado náhuatl.

La última jornada fue dedicada por los participantes a construir los consensos necesarios para unificar en las zonas representadas, una versión de la oración dominical que expresara no sólo la literalidad de la oración, sino la riqueza de sentido que encierra. Fue un espectáculo para alguien como yo, lego en esta temática, mirar los procedimientos de consenso y ser testigo de las amplias discusiones sobre algunos términos. Desafortunadamente, aunque la fascinación de la montaña poblana ejerció en mi todas sus artes de seducción, no pude permanecer hasta el final del encuentro que, además del consenso provisorio (tendrá que ser llevado y consultado con las comunidades) ofrecía la peregrinación a una ciudad antigua, santuario de tiempos prehispánicos.

Me queda un muy buen sabor de boca. No solamente por la atención exquisita que la comunidad de Cuetzalan ofreció a quienes participamos en el encuentro, sino porque pude refrendar que la teología indígena goza de cabal salud. Este Primer Encuentro de Teología Náhuatl es una de las muestras. Y lo mismo ocurre en la zona mayense, donde ya se rebasa los quince encuentros anuales, y preparan ya su próxima reunión que tendrá lugar en una comunidad de Palenque hacia fines de este mes. Como ocurre desde hace ya varios años, dicho encuentro contará con la participación de representantes de comunidades de nuestro estado: Valladolid, Ticul, Dzan, Tipikal, Maní, Izamal… El empuje inculturador brotado del Concilio Vaticano II y animado en nuestras tierras por insignes pastores, tiene el futuro garantizado, a pesar de la ignorancia y la mala voluntad de muchos de sus detractores.

Iglesia y Sociedad

Impresiones de una audiencia

9 Nov , 2009  

La ciudad del poder

Me sobrecoge la amplitud de los espacios. En medio de un inmenso jardín miro hacia mi izquierda y veo el obelisco dedicado a la memoria de George Washington. Miro hacia la derecha y veo el Capitolio. Ambos extremos parecen al alcance de la mano hasta que intento caminar del obelisco hasta el edificio de los diputados y me parece que no voy a llegar nunca. Estoy en la zona de los museos, aquéllos de las sosas películas “Una noche en el museo”.

Es la ciudad de Washington, capital de los Estados Unidos. Aquí todo habla de poder. Una ciudad concebida para que la persona que la visite sepa bien quién manda en el mundo. Edificios suntuosos, espacios inagotables. Aquí se encuentra la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA). Aquí también se halla el edificio que alberga a la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH), organismo dependiente de la OEA. Hasta aquí hemos debido llegar para que la voz de don Ricardo Ucán fuera escuchada por el Estado Mexicano.

De las autoridades yucatecas don Ricardo ha recibido solamente desprecio. El entero proceso, plagado de irregularidades, ha sido una fehaciente muestra de lo poco que importan los derechos humanos de un maya a los tres poderes del estado. Lo sabe quien haya leído detenidamente el informe “Los agravios”, que cuenta con lujo de detalles el calvario por el que ha debido pasar don Ricardo en los últimos nueve años (puede consultarse en www.indigacion.org.mx). Lo sabe también la CIDH. Quizá por eso fue tan puntual y severa en los cuestionamientos que planteó a los representantes del Estado Mexicano el jueves pasado en la audiencia que concedió con motivo de este caso.

Flashes de la audiencia

1. Los dos peticionarios, representantes de don Ricardo, esperan con impaciencia poder entrar al salón de sesiones. Tienen los nervios crispados. Revisan una y otra vez sus documentos y apuntes personales. Simpatizan con los juicios orales, así que ponderan bien la importancia de la precisión y la mesura de sus dichos. Odian más que nunca no poder fumarse un cigarrillo para calmar la ansiedad. Miran cómo, uno a uno, van llegando los miembros de la delegación del gobierno mexicano. Paran de contar cuando llegan al número once, entre funcionarios y chalanes. Por chismes de pasillo se han enterado que, cuando menos uno de ellos, lleva ya una semana en Washington, acompañado de su esposa. Piensan en el dispendio económico que la presencia de tal número de servidores públicos significa. La disparidad numérica entre las dos delegaciones resulta abrumadora. El único consuelo de los peticionarios es que la razón está de su parte. Su única prenda de honor es ser vehículo para que los reclamos de don Ricardo puedan ser escuchados en esta alta tribuna.

2. La audiencia comienza. Una frente a la otra las dos partes confrontadas esgrimen sus argumentos. Los minutos se desgranan con angustiante velocidad. La delegación gubernamental insiste en su argumentación y en la defensa a ultranza de la defensora de oficio. Su prueba maestra: un vídeo donde la abogada y el juez hablan en maya. El torpe manejo de la lengua por parte del juzgador hace esbozar sonrisas de pena ajena. El tiro les saldrá por la culata. Un asesor del gobierno yucateco es interrumpido por uno de los comisionados de la CIDH cuando cuestiona la admisibilidad del caso: ese es asunto que ya se ha definido. La CIDH conoce bien los entresijos del caso y los funcionarios deberán cuidar más sus argumentos.

3. La sesión de preguntas y respuestas entre los comisionados y las dos partes en confrontación terminan por arrojar algunas luces extras. La delegación gubernamental se muestra incapaz de convencer a los comisionados acerca del buen desempeño de la abogada defensora en todo el proceso. Éstos señalan a los funcionarios la obligación que el Estado tenía de ofrecer a don Ricardo el servicio de un traductor intérprete, independientemente de que él lo hubiera solicitado o no. Los representantes de don Ricardo aprovechan para dar dos golpes de gracia: la mención del ilegal intento de falsificación de documentos en que se involucró el Poder Judicial para tratar de cubrir las deficiencias de la defensora y el señalamiento de que dicha defensora argumentó en la solicitud final de amparo la falta de un traductor en el juicio, es decir, una argumentación en la que se autoincrimina… ¡una de las joyitas que asombró al comisionado Carozzo!

4. Una intervención final sorprende a todos: el ministro Alejandro Negrín, director de derechos humanos de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, anuncia la voluntad del gobierno federal de coadyuvar con el gobierno yucateco en la resolución de este conflicto y ofrece involucrarse en la búsqueda de una salida. Sorprendida queda la delegación del gobierno yucateco de que la única intervención federal haya sido para aceptar implícitamente la responsabilidad del Estado ante la situación de don Ricardo. Se sorprenden también los representantes de don Ricardo, que antes de esta audiencia habían recibido del gobierno federal solamente indiferencia. Sorprendidos también quedan los comisionados, particularmente Florentín Meléndez, por lo inusual de una tal oferta pública que suena a reconocimiento de responsabilidad. Cuando la audiencia termina los dos peticionarios respiran relajados y satisfechos. De cuando en cuando David saca su honda y le pega en la frente a Goliat. De cuando en cuando, en extraño prodigio aritmético, dos suman más que once y el tiempo se pone a favor de los pequeños. Ahora el Estado Mexicano está muy preocupado y ofrece poner todo de su parte para buscar una solución a su desaguisado. Pronto veremos si honran su palabra. El pronunciamiento de la CIDH no debe ya estar muy lejos.

Solidaridad sin fronteras

Se ríe cuando le digo que nació en el lugar equivocado. Californiana de nacimiento, esta joven vive y trabaja en Washington. Se llama Patricia Kupfer. El apellido delata su ascendencia alemana. Kupfer quiere decir “cobre”. Pero es solamente su apellido: en realidad, esta muchacha es de oro puro.

Trabajó durante algunos años en México. Ahora vive en el centro mismo del imperio, trabajando para impulsar una reforma que reconozca los derechos de los migrantes y acabe de una vez por todas con las razzias que son una vergüenza para la nación de la pretendida “justicia y libertad para todos”. Patricia nos ofreció alojamiento durante nuestra estancia en Washington. Su hospitalidad es cálida en medio del clima frío del otoño que finaliza. Nos presenta a muchos de sus amigos. Todos ellos han trabajado en algún país de América Latina y han dejado allá jirones de su corazón; a su regreso, en intercambio fecundo, se han traído nuestra hambre de justicia. De manera generosa y desinteresada, Patricia nos comparte su casa y su vida.

Cuando oigo su risa franca pienso que este país tiene salvación mientras tenga como ciudadanos a gente como ella. Patricia hace que esta ciudad del poder sea también, al menos en una de sus esquinas, ciudad de la solidaridad. A las grandes distancias que ostenta el poder gubernamental, Patricia opone una cercanía cálida que desaparece fronteras. A los amplios espacios de avenidas y museos, Patricia contrapone una casa pequeña y acogedora siempre abierta. Washington es mejor ciudad porque Patricia Kupfer vive en ella.

Iglesia y Sociedad

La audiencia de don Ricardo Ucán

2 Nov , 2009  

Este próximo jueves 5 de noviembre es una fecha muy importante para don Ricardo Ucán y para todas las personas que hemos seguido su caso. Como es de público conocimiento, don Ricardo Ucán fue juzgado por haber causado la muerte a don Bernardino Chan Ek. El homicidio, sin embargo, tiene un excluyente de responsabilidad: don Ricardo mató a don Bernardino en defensa propia, después que fue amenazado con un rifle por parte del hoy occiso.

Don Ricardo fue auxiliado por una defensora de oficio que no proveyó al inculpado de una auténtica defensa. No solamente no presentó agravios ni conclusiones como parte del proceso legal, sino que desestimó en la defensa pruebas irrefutables de que el hoy occiso había disparado su arma antes de ser ultimado, lo que demostraba que don Ricardo mató en defensa propia. La negligencia de la defensora de oficio provocó que don Ricardo, que en ningún momento del juicio recibió la ayuda de un traductor, tal como lo exige la ley en el caso de personas pertenecientes a etnias indígenas, fuera condenado por homicidio calificado. Después de recurrir a sucesivas instancias, la sentencia contra don Ricardo fue ratificada por el Tribunal Superior de Justicia, agotándose así todos los recursos jurídicos que pudieran resarcirle el daño que le ocasionó una defensa ineficiente.

La violación al derecho a un juicio justo cometida contra don Ricardo no es un asunto solamente de él: pone al descubierto que existen todavía fallas estructurales en la administración de justicia: ausencia de traductores para la etnia maya, defensores que no defienden, etc. En el caso de don Ricardo este trato discriminatorio ha sido bien documentado. Por eso don Ricardo Ucán, con ayuda del equipo Indignación A.C. y de la Red “Todos los derechos para todos y todas”, presentó su caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), institución dependiente de la Organización de Estados Americanos, a la que pueden recurrir los ciudadanos y ciudadanas de aquellos países que hayan firmado y ratificado los más relevantes tratados de derechos humanos vigentes en nuestro continente. Esta apelación puede hacerse solamente cuando, en el propio país, el demandante haya agotado todos los recursos legales, cosa que, como hemos señalado, ocurrió desde hace ya varios años con don Ricardo Ucán.

Pues bien, después de haber aceptado el caso de don Ricardo, la CIDH ha decidido conceder una audiencia para escuchar, de propia voz de los demandantes, algunos elementos que le aclaren más el caso e iluminen la decisión que se apresta a tomar. En la audiencia estarán presentes dos miembros del equipo Indignación y la secretaria de la Red “Todos los Derechos para Todas y Todos” como co-peticionarios en el caso de don Ricardo. Estarán también representantes del Estado Mexicano, que es la parte demandada. Dicha reunión tendrá lugar en Washington, sede de las oficinas de la CIDH, el próximo jueves.

¿En qué radica la importancia de esta reunión? Como ya hemos dicho, el caso de don Ricardo pone al desnudo el sistema de procuración y administración de justicia, especialmente en lo que toca al trato discriminatorio que en dicho sistema se da a las personas que forman parte de los pueblos originarios, en este caso el pueblo maya. Es la primera vez que el Estado Mexicano es llevado a juicio por un caso de este tipo acontecido en la región de mayor concentración indígena del país, la península de Yucatán.

En efecto, la audiencia que se efectuará el día 5 de noviembre tiene por objeto que, tanto los representantes de don Ricardo como la representación del Estado mexicano, expongan sus argumentos en torno al caso y representa una de las últimas etapas del procedimiento antes que la CIDH determine si existieron violaciones a la Convención Americana por parte del Estado. En caso de que la CIDH determine la existencia de violaciones a los derechos humanos, sería la primera vez que el Estado mexicano fuese señalado como responsable por violaciones a derechos humanos, cometidas por autoridades del estado de Yucatán.

No es el recurso a la CIDH la primera acción que la sociedad civil ha impulsado para lograr la libertad de don Ricardo Ucán. El Poder Ejecutivo ha desestimado peticiones apoyadas por personas de muchas partes del mundo para que se utilizase el recurso de reconocimiento de inocencia y se dejara libre a don Ricardo, como una manera de resarcir las violaciones a los derechos humanos que contra él se cometieron durante todo el proceso. Otra campaña, apoyada también por gente de nuestro país y del extranjero, solicitó al Poder Legislativo del estado que legislara el indulto, de manera que don Ricardo pudiera salir libre aplicándosele esa figura legal. Pero todos los poderes del estado han permanecido sordos a estos esfuerzos por resarcir las violaciones cometidas contra don Ricardo en un juicio a todas luces irregular y discriminatorio.

Por eso tiene razón el equipo Indignación cuando nos recuerda en uno de sus más recientes comunicados, que “a pesar de haber transcurrido tres administraciones desde que sucedieron los hechos (las encabezadas por Víctor Cervera, Patricio Patrón e Ivonne Ortega, respectivamente), ninguno de los representantes del ejecutivo ni de las diversas legislaturas, han realizado acciones tendientes a facilitar la liberación de don Ricardo, a pesar de los insistentes llamados de organizaciones civiles nacionales e internacionales del prestigio de Amnistía Internacional, así como del Relator Especial de Naciones Unidas sobre los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales de los Indígenas”.

Pero a todo mundo le llega su hora…